viernes, 16 de abril de 2010

Hablemos claro


Una llamada que no se hace, una palabra que no se pronuncia, un mensaje que no se da, a veces puede causar graves trastornos, provocar una tragedia o marchitar dos vidas para siempre, como ha sido caso de muchos.

Muchas veces una grave desavenencia entre novios, o lo que es peor, entre esposos, no se soluciona porque nadie se atreve a pronunciar una palabra que, a pesar de ser breve y sencilla, cuesta trabajo sacar de los labios: «Perdóname.» Esa sola palabra vale más que millares de otras, y puede lograr mucho más que todo un discurso florido. Pero para pronunciarla, tenemos que deponer nuestro orgullo, hacer a un lado nuestra terquedad y escribir el mensaje que reconcilia, o hacer la llamada telefónica que restablece, o decir la palabra que reconforta.

La alternativa es no hacer nada; sólo que, cuando no hacemos nada, tampoco resolvemos nada.

Ahora bien, si no hacemos nada es porque nos conformamos con creer lo peor, aun cuando no tengamos fundamento para eso, o porque estamos convencidos de que nuestras palabras o acciones no nos servirán de nada, como pensó Judas Iscariote después de traicionar a Jesucristo.

Lo cierto es que ninguno de esos motivos justifica la falta de acción. Pues no ganamos nada en absoluto con creer lo peor acerca de los demás, como tampoco ganamos nada con creer, que todo está perdido.

Lo más trágico del caso de Judas no es que traicionó a su mejor amigo sino que, al igual que Simón Pedro después de negar a Cristo, pudo haberse arrepentido, haber pedido perdón y haber sido restaurado y perdonado en lugar de suicidarse y echarlo todo a perder.

Así que no importa si tenemos o no la culpa de lo sucedido. Lo que importa es que hagamos lo posible por superar todo obstáculo. Si nos cuesta trabajo reedificar los puentes rotos, pidámosle esa fuerza a Dios o pidamoles consejo y orientacion a un amigo o familiar.

Pidámosles que nos dén el ánimo, el deseo y el valor de pronunciar esas palabras que hacen falta o de asumir esa actitud que nos va a reconciliar con ese ser querido y tambien pedirles que nos ayuden a escuchar y perdonar.

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