lunes, 11 de enero de 2010

Sigan subiendo, sigan subiendo.


Sólo en la dulce batalla de los cuerpos,, “bajar” es subir al cielo, pero no en política y menos en lucha contra las delincuencias.

A partir de esta sana reflexión, uno pide a las autoridades competentes, (y también a las incompetentes), seguir subiendo en esto del caso Figueroa and friends.

Tanto poder de un señor que durante diez años anduvo de paseo por el polígono central y las marinas, exhibiendo unas riquezas materiales y unas señoras que, ay, incitaban a lavar cualquier cosa, no puede terminar en un pequeño club de buenos amigos, “chicos bien” en malos pasos, que decía el sábado.

Las autoridades actuales tienen el mérito de haber subido hasta donde están, cosa que las de anteriores gobiernos no habían hecho. Pero, presentado los informes, pruebas, es tiempo ya de pasar a otros niveles, a otros altares, para que toda esta celebrada tolvanera contra el lavado tenga sentido.

Los medios de comunicación han hecho lo suyo, con sus limitaciones y colindancias, presentando al país parte del estercolero que nos invade. Pero un periodista no es juez, presidente ni guardia. Lo suyo es describir con la mayor objetividad posible, de manera responsable -y hasta a veces temeraria-, unos hechos sociales que afectan a la colectividad, ¡y punto! Es su trabajo, su aporte, ¡y ya!

Ahora, queda esperar que las autoridades, al contrario del dulce fornicio de los enamorados, no bajen sino que suban, que suban hasta otros altares. Las culpabilidades por tanta fortuna lavada, no se puede quedar en unos jóvenes alocados en sus autos de marca innombrable y precios impagables. Como en el amor, pero al contrario, sigan subiendo,sigan subiendo.

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